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Chariots of Fire

Titulo Local: Carros de Fuego
Pais: UK
Año: 1981
Género: Drama / History / Sport
Actores: Nicholas Farrell / Nigel Havers / Ian Charleson / Ben Cross / Daniel Gerroll / Ian Holm / John Gielgud / Lindsay Anderson / Nigel Davenport / Cheryl Campbell / Alice Krige / Dennis Christopher / Brad Davis / Patrick Magee / Peter Egan…
Director: Hugh Hudson
Idioma: Inglés Español Portugués
Subtitulos: Español Inglés Portugués
Color: Colores
Escritor: Colin Welland
Duración: 124 min
Clasificación:
Evaluación: 7.3/10
Número Votos: 15,692



Tipo de Medio: DVD

Número de Medios: 2 Premios: Won 4 Oscars. Another 12 wins & 15 nominations See more Notas:

Sinopsis: En Gran Bretaña, en el año 1920, Harold Abrahams y Eric Lidell estaban hechos para correr. No sólo una razón les llevaba a correr más rápido que ningún otro hombre. Sus motivos eran tan diferentes como sus pasados; cada uno tenía su propio Dios, sus propias creencias y su propio empuje hacia el triunfo. (FILMAFFINITY)

Comentários: Oscarizada historia, basada en hechos reales, sobre dos jóvenes británicos que participaron en los Juegos Olímpicos de 1924. Curiosamente el relato tuvo un inesperado paralelismo con la actualidad, pues apenas un año antes, en los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980, los atletas de media distancia Sebastian Coe y Steve Ovett habían vivido un rivalidad mítica en la historia del olimpismo. Tan reconocida y memorable como el propio film fue su banda sonora de Vangelis. (FILMAFFINITY)
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"Dirigida con exquisita corrección (...) Su banda sonora es memorable" (Fernando Morales: Diario El País)

Un homenaje al deporte y la superación personal
Esta película es un símbolo con el que nos identificaremos todos los que amamos realmente el deporte. El deporte es algo que yo veo como medio de la superación personal, la paz con uno mismo y el bienestar.

Sin embargo eso se ha perdido con los años, en los que los Juegos Olímpicos han perdido el espiritu con el que los fundó el Barón Pierre de Coubertin, intentando simular aquel precioso evento que tenía lugar en la Grecia antigua cada cuatro años. Hoy día, se utilizan para convertirlo en un circo a nivel mundial en el que los deportistas de élite intentan satisfacer la exigencia a las que sometemos miles de espectadores, a la espera de que batan records mundiales y hagan sonar "nuestro" himno nacional (cosa que ha dado lugar al dopaje, del que tanto nos quejamos, sin darnos cuenta que hemos sido nosotros los que lo hemos originado por culpa de nuestra demanda de éxitos bajo nuestra bandera, que en ocasiones, más que hazañas, parecen milagros).

Resulta emocionante imaginarse corriendo a Harold Abrahms y Eric Lidell, cada uno con sus creencias, sus ideas... pero dentro de la pista son iguales, corren el el mismo suelo. Un gran reflejo de los que es el DEPORTE, y el porqué el Barón de Coubertin quiso resucitar este bello acontecimiento.

Para mi, al igual de los que alguna vez hemos soñado con nadar en las Picornell, de correr en el olímpico de Munich, de superarnos en Atenas... para todos nosotros será siempre un símbolo de lo que significan realmente los Juegos Olímpicos y el deporte, al igual que la mítica composición de Vangelis será nuestro himno.
Bella propaganda del plan ADO británico
Ya dije en mi critica de “Las montañas de la luna” que el cine no es un medio útil para conocer la historia del hombre; sí es atractivo –que no es poco- pero no es desde luego riguroso para acercarse medianamente a un conocimiento serio de nuestro pasado. Es más por mi experiencia puedo decir que de las cien creencias más importantes históricas totalmente erróneas de la gente, por lo menos noventa se deben al cine.

No se preocupen “Carros de fuego” no es una de ellas, precisamente porque no deja de ser un tema menor que sólo importa a los especialistas del asunto, por lo tanto los continuos errores y mal intenciones en la película carecen de importancia al gran público.

Empezaré comentando que en 1981 la gente tenía mono de Juegos Olímpicos. El bluff de 1980 en Moscú debido al boicot norteamericano y de sus aliados había dejado un sabor de amargura y sobre todo de ganas de barrer en la obtención de medallas en Los Ángeles 1984. Dentro de la promoción de búsqueda de éxitos y medallas de los británicos se inserta “Carros de fuego”.


Para su historia chauvinista Hugh Hudson escoge obviamente unos juegos muy atrás en el tiempo –para evitar la guerra fría y los años del nazismo de los años 30 y que no parezca que es política-. Se trata de los Juegos olímpicos de París de 1924 que comenzaré diciendo que supusieron un gran fracaso para los británicos. Eso para empezar aunque Hudson venda otra cosa. Desde la creación de los juegos suponen el primer momento en que el Reino Unido no estuviera ya presente entre los mejores del medallero, y fue ampliamente derrotado por los norteamericanos, la gran revelación que fueron los finlandeses y por los anfitriones franceses. A partir de París Reino Unido comienza su declive olímpico y perderá cantidad de medallas tras medallas hasta hoy –con la excepción curiosa de la última de Atenas-.

Para que se hagan idea del fiasco no ganaron una sola medalla en deportes típicamente británicos como fútbol, hípica o rugby y ninguna de oro en otros como vela, esgrima, tenis, polo...Y de las 30 medallas posibles en tiro solo se llevaron tres.

En atletismo la cosa no fue tampoco muy bien y sólo respondieron como excepción los velocistas. Curiosamente es de quien trata la película y sólo de ellos. La impresión que me transmite Hudson es que le importa más bien poco el deporte y el atletismo. Es más para hacer la película parte de un resultado: Una victoria británica. Si esta hubiera sido en otra distancia o en otra disciplina o en otros juegos lo hubiera escogido en vez de los 100 metros de París si allí no hubiera ganado uno de los suyos.

Y es que la película tiene decenas de disparates sacados de la manga del director y guionista, entre ellas su fancofobia. Plantear que un corredor francés empuja a Eric Lidell en un encuentro amistoso internacional es una vergüenza, -para empezar fue en un Escocia-Irlanda- y se cayó el sólito.
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